“Hacia una universidad de élite”, artículo de Carlos López Cortiñas

Carlos López Cortiñas

Con afirmaciones como “hay demasiados universitarios” o “a la Universidad llega todo el mundo”, el Ministerio de Educación pretende justificar su clara intención de realizar cambios legislativos en la Enseñanza Superior.

Ya en 2012 se introdujeron unos cambios legislativos que afectan al aumento de las tasas universitarias, a la imposición de un límite de gasto y a la imposibilidad de aumentar por encima del 10% la tasa de reposición. La crisis económica está siendo un pretexto perfecto para implementar cambios, no sólo en la Universidad, también en las ayudas y becas universitarias, hecho que afecta sobre todo a las familias que más necesitan de la solidaridad de los PGE.

El Ministerio ha eliminado, para la concesión de las becas, el componente de gastos de escolaridad, el de compensación (2.550€) y las becas salario (3.500€) que se atribuían a las familias desfavorecidas económicamente. También se han suprimido los gastos por desplazamiento y movilidad y se han disminuido las becas por residencia de 2.556€ a 1.500€, introduciendo el concepto de cuantía variable que, como mínimo, será de 60€ (nadie ha publicado datos de cuál ha sido la cuantía máxima); se han modificado las ayudas para los proyectos de fin de estudios y la financiación de los intereses a los préstamos a los estudiantes. Las becas Séneca y las becas Erasmus que facilitan el intercambio del alumnado entre universidades, se han reducido temporal y presupuestariamente y las becas a la excelencia, simplemente, se han eliminado. A la reducción o eliminación de estas ayudas hay que añadir el endurecimiento de los requisitos para poder acceder a ellas; de ahí, que vayamos irremisiblemente hacia una universidad a la que no todos tendrán acceso. El Ministerio indica que se han dado más becas que en cursos anteriores y es cierto, pero lamentablemente, este incremento ha sido solo debido al importante acceso de estudiantes a la matrícula gratuita, no a becas que permitan la dedicación al estudio de los estudiantes de familias desfavorecidas económicamente. Por otra parte, indicar que la gratuidad de la beca de matrícula, corresponde al precio básico, no contempla los incrementos que han aplicado muchas CCAA (algunas de ellas dan becas de “equidad” consistentes en devolver estos incrementos, aunque solamente en los Grados y no en los Másteres)

Tampoco ayudan los cambios estructurales del RD 43/2015, de 2 de febrero, por el que se modifica el RD 1393/2007, de 29 de octubre por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, mediante los cuales el Ministro pretende cambiar la duración de los Grados y Másteres, del 4+1 actual, al 3+2 del RD, en aras a una mayor convergencia con Europa, cosa no del todo cierta, puesto que en Europa coexisten los dos sistemas. La posibilidad de que sean las Universidades quienes decidan la duración de sus grados y sus másteres, puede generar una desconvergencia interna y hacer más inasequible la formación universitaria para las familias económicamente desfavorecidas. Cambios que se han introducido al margen de la comunidad universitaria y contrarios a la CRUE, que ya ha manifestado que se dan dos años de margen antes de aplicar la reforma universitaria de Wert y que esperan que en este tiempo se pueda evaluar la implantación actual de Bolonia y buscar la homogenización de los títulos.

El Ministerio da la posibilidad a las universidades de impartir los grados entre los 180 y los 240 créditos, dejando libertad a las universidades de fijar los créditos que considere. Sólo este hecho supone trasladar a la sociedad que habrá grados de primera y grados de segunda, dependiendo de dónde se cursen los estudios.

La clara intención de primar los contenidos generalistas y de formación básica en los planes de estudio de los títulos de grado y los contenidos especializados en los planes de estudio de los títulos de másteres, convierten a los grados sin apenas relevancia con respecto a la inserción laboral ya que carecerán de la especialización necesaria que exige el mercado laboral. Por esta razón se fijan grados de 4 años para las actividades profesionales reguladas. Por otro lado difícilmente los titulados de FP de Grado Superior se matricularán en grados en donde los contenidos sean generalistas y de formación básica por lo que, en la práctica, se impide a estos profesionales acceder al título universitario.

Parece poco razonable que en un mismo país los planes de estudio de grado puedan tener entre 180 y 240 créditos, lo que nos lleva a deducir que un mismo título de grado, con el mismo nombre, pero con contenidos diferentes puedan variar en 60 créditos.

Las razones esgrimidas por el MECD para aprobar este RD, carecen de toda base consistente. Según la Secretaria de Estado, Montserrat Gomendio “”la flexibilización de la duración de las carreras debe servir para que las CCAA inicien un debate sobre la financiación universitaria que incentive la calidad docente e investigadora y que este debate sería muy bienvenido y es uno de los fines que perseguimos””. Me pregunto ¿Es necesario el RD para este objetivo? Claramente no. Haciendo algo de sumas y restas, si según el Ministerio las familias se ahorrarían unos 150 millones de euros, debido a la disminución en un año de los grados (está claro que siempre que no continúen con el Máster), y si las matriculas representan entre el 20 y 25% del coste real de la docencia, quienes se ahorraran entre 750 y 600 millones de euros serán las administraciones públicas de quien dependan las Universidades y por supuesto, también la patronal de la Universidades Privadas.

Lamentable también el posible descrédito que la Secretaria de Estado puede generar con sus palabras a las Universidades, Consejos de Dirección, personal y Agencias de Acreditación y Evaluación; tal y como han reflejado algunos medios de comunicación, en opinión del MECD, la posible transformación de grados actuales de cuatro años en otros de tres, deberá basarse en la “modernización y actualización” de los planes de estudios, no simplemente en “eliminar un año de formación o asignaturas superfluas”, por esto ha negado que se trate de un “recorte encubierto” de un año de formación, sino que las titulaciones deberán ser evaluadas por las agencias autonómicas autorizadas o la estatal Aneca.

Actualmente están saliendo en el BOE titulaciones de grado y de master tipo 4+1, ¿Están anticuadas?, ¿no están actualizadas? ¿No se han evaluado por las agencias estos títulos? Sería muy lamentable que las agencias autonómicas o la estatal, hayan evaluado positivamente títulos de grado con asignaturas superfluas y que las Universidades hayan presentado a evaluación planes de estudios con contenidos superfluos, que los profesores acepten dar contenidos superfluos y finalmente que los estudiantes paguen matriculas para recibir una parte de contenidos superfluos.

Si esto es posible que haya ocurrido hasta ahora según el MECD ¿Alguien asegura que no ocurrirá en la evaluación de los grados de tres años? Seamos serios y aportemos contenidos más sólidos para defender la modificación de los grados, que seguramente los hay.

Desde el punto de vista sindical las consecuencias se notarán sobre todo en la incidencia de las plantillas de las facultades ya que al suprimir un año de grado se perderá cerca de 1/3 del alumnado y por tanto en torno a un 20% del profesorado podrá perder su puesto de trabajo, que junto con la posible aprobación del RD de Creación y Reconocimiento de Universidades y Centros Universitarios y que los grados primarán los contenidos generalistas y de formación básica, permitirían que para el conjunto de titulaciones de una cierta rama, todas las asignaturas que se impartan en primero y quizá en segundo años sean las mismas para todos los grados de la rama. Si realmente esto ocurre (y puede ocurrir) las pérdidas del puesto de trabajo tanto para el PDI como el PAS pueden ser muy superiores al 20%. Y con respecto a las familias al aumentar un año más el master verán encarecido el coste del título universitario ya que las matrículas de los Másteres, por regla general, se duplican con respecto a la de los Grados.

Carlos López Cortiñas
Secretario general de FETE-UGT

Artículo publicado originalmente en el periódico Escuela (5 de marzo de 2015).