¿Existe brecha salarial de género en educación?

Hace unos días un amigo me comentaba que la diferencia salarial de género no constituía un problema en el mundo educativo, ya que consideraba que la retribución de mujeres y hombres es similar por el mismo puesto de trabajo. “Un profesor cobra lo mismo que una profesora”, me argumentaba enfático. “Así que no puedes decir que las mujeres estáis discriminadas”.

Brecha salarial

Si de por sí este tipo de discusiones suelen ser encendidas, porque los avances conseguidos en las últimas décadas en relación con los derechos de las mujeres llevan a la percepción de que ya vivimos en igualdad, la tensión aumenta cuando se suman las reflexiones sobre la situación de crisis que estamos padeciendo y que ha llevado a la destrucción de empleo en ámbitos que tradicionalmente han ocupado los hombres. Como nuestra conversación no iba por buen puerto, decidí argumentar con datos objetivos que me ayudaran a clarificar las razones por las que afirmo que la brecha salarial de género, directa o indirecta, sigue siendo un problema grave, tanto para las mujeres como para el conjunto de la sociedad, ya que nos privamos del talento, capacidad y contribución de una parte importante de su población. Y que en educación esta realidad se manifiesta de forma indiscutible.

“Vamos a los datos”, me insistía mi amigo. De acuerdo, contesté, te reconozco que en los últimos años existe una tendencia al alza de la actividad de las mujeres en el mercado laboral y que la crisis ha llevado a una mayor destrucción de empleo masculino. Sin embargo, las estadísticas (Eurostat 2007-2014) muestran que la tasa de empleo de las mujeres en España para el segundo trimestre de 2014 era del 54,81%, mientras que la que les corresponde a los hombres en el mismo periodo asciende al 63, 5%.

Aunque esto es muy clarificador, indicó mi amigo, yo también puedo argumentar con datos que educación es un sector laboral altamente feminizado, como lo refleja la Encuesta de Población Activa, en el segundo trimestre del año 2014, en el que nos muestra que las mujeres que trabajan en educación representaban el 66,4% del total frente al 33,6 % de los puestos ocupados por hombres.

Me estás dando la razón, le indiqué, porque precisamente la brecha salarial puede ser horizontal y vertical. La segregación horizontal nos indica que el empleo de las mujeres suele concentrarse en determinados sectores y ocupaciones que tradicionalmente suelen considerarse más femeninos. Por otra, dentro de estos sectores se establece una segregación vertical que determina que las mujeres ocupen los puestos peor pagados y con menor valoración social.

No creo que nadie pueda poner en duda que la educación es una de las inversiones más importantes para la equidad, la sostenibilidad y la democracia de un país. Como tampoco se pone en duda el hecho de que la educación a lo largo de la vida, comenzando en los primeros años es fundamental para asegurar el desarrollo psicosocial de los alumnos y alumnas. Sin embargo, aunque todas las etapas son importantes, las diferencias salariales entre los primeros niveles educativos y la universidad son considerables. ¿Y dónde encontramos a las mujeres?

Las últimas estadísticas del Ministerio de Educación nos muestran que en el curso 2010-2011 los porcentajes de mujeres en el profesorado son especialmente elevados en Educación Especial (81,5%), en Educación Infantil y Primaria (81,4%) y en enseñanza de idiomas (73,9%). En las EE. Deportivas el porcentaje de mujeres es del 11,6%, más bajo que en la educación universitaria

El porcentaje más bajo en el profesorado femenino corresponde a Educación Universitaria (36,6%) La mayor participación femenina corresponde a los titulares de escuela universitaria (42,0%), otro personal docente (39,2%), titulares de universidad (37,7%).

En el curso 2012- 2013 la participación femenina más baja corresponde a catedráticos de Universidad (20,29%). Y solo tenemos a seis mujeres ocupando el rectorado, frente a 69 varones. Por lo que podemos afirmar que en conjunto mujeres y hombres no perciben las mismas cantidades. En este sentido hay otros datos que deberíamos analizar en cuanto a la remuneración que tienen que ver con la dirección de centros o el desempeño en funciones de jefatura de estudios que también influyen en la remuneración. Sin embargo, no he conseguido obtener datos actuales que me ayuden a contrastar mi hipótesis, pero sí tenemos el dato global del porcentaje de salario de las mujeres con respecto a los hombres que el INE cifraba en el año 2012 en el 88, 2%

Así, con los datos de que disponemos, vislumbramos que la brecha salarial de género existe en el plano vertical. Tendríamos que terminar de analizar las cuantías por retribución de cargos para clarificar las situaciones de segregación horizontal. Los obstáculos no siempre son evidentes, porque, como ocurrió en nuestra conversación, hay mensajes muy arraigados que funcionan como parapeto de la desigualdad. Para desmontarlos son necesarios los análisis que pongan en evidencia los datos desde una perspectiva de género. El 22 de febrero es el Día por la Igualdad Salarial de Hombres y Mujeres y nos recuerda que aún existe un largo camino para lograr la igualdad real entre mujeres y hombres. UGT ha iniciado el Proyecto “Herramientas para combatir la brecha salarial” con el objetivo de reducir esa brecha a través de la negociación colectiva, y en el que se incluye, entre otras acciones, una campaña de sensibilización dirigida a los trabajadores y las trabajadoras en los centros de trabajo.