La educación de las niñas. Una asignatura pendiente

En la actualidad se han alcanzado, en el mundo, las tasas de escolarización de las niñas más altas de la historia; pero esto no significa que las barreras para la permanencia en el sistema educativo o el acceso a una educación de calidad se hayan superado. Muchas niñas en el mundo aún no pueden asistir a la escuela y completar o dar continuidad a su educación, tanto es así, que un 70% de los menores sin escolarizar son niñas, y aunque ha habido importantes progresos, en los últimos años, hacia la paridad en la enseñanza primaria, esta tendencia se ve frenada en las regiones en desarrollo al llegar a la educación secundaria. Por otro lado, la crisis económica mundial está agudizando las desigualdades, agravadas por los recortes en los presupuestos educativos y el estancamiento de la ayuda al desarrollo, por lo que habrá que valorar en que medida los progresos alcanzados se pueden ver truncados.

Las causas relacionadas con la desigualdad de género en el acceso y permanencia a la educación de las niñas y adolescentes, se encuentran en cuestiones culturales, como el matrimonio y embarazo en edades tempranas, o la responsabilidad no compartida en el trabajo doméstico, tanto en lo que supone los cuidados familiares como en lo relacionado con la fuerza de trabajo externa; de inseguridad, o por barreras financieras e institucionales, relacionadas con la pobreza y desigualdad de oportunidades.

Fotografía de una niña en el colegio

Hacer realidad la igualdad de género es uno de los seis objetivos de la campaña mundial de Educación para Todos que encabeza la UNESCO, y cuyo objetivo es lograr antes del año 2015 la igualdad entre los géneros en relación con la educación, en particular garantizando a las jóvenes un acceso pleno y equitativo a una educación básica de buena calidad, así como un buen rendimiento. En estos momentos, dos tercios de los países han alcanzado la paridad en primaria, y un tercio tanto en primaria como en secundaria.

El acceso y permanencia de las niñas a la educación, tal y como muestran los estudios e informes realizados en el ámbito internacional, tiene unos claros beneficios a nivel socioeconómico para los países; fomenta el crecimiento económico, promueve la estabilidad política y reduce los costes de la atención médica, entre otros. Un ejemplo directo, es como una actividad agrícola más productiva lograda como consecuencia del aumento de la educación femenina fue la causante de que entre los años 1970 y 1995 descendiese la malnutrición en un
43%. El aumento de un punto porcentual en educación para niñas, aumenta el nivel del PIB en aproximadamente 0.3 puntos porcentuales. En función de estos datos, está claro que la igualdad de género en la educación es un poderoso catalizador del desarrollo.

Pero ademas, y no menos importante, la igualdad de género es indispensable para garantizar la protección de lo derechos humanos y libertades fundamentales de las mujeres. Tan importante como los beneficios sociales, son los beneficios que supone en el plano individual, y como influye la educación de las niñas y jóvenes en el desarrollo y calidad de vida de las mujeres en el mundo. En este caso también

encontramos indicadores fácilmente medibles, entre ellos: mejora el acceso al empleo y supone acceder a mayores ingresos (por cada año que se añade a la permanencia de una niña en la escuela, sus ingresos como persona adulta aumentarán en un 15 y un 20 por ciento), mejora la salud, en especial se observan importantes mejoras en la salud reproductiva; hace posible el desarrollo de actitudes y comportamientos que favorecen la igualdad de género, y facilita el aumento de confianza en uno mismo, autoestima y desarrollo de las capacidades para la toma de decisiones, lo que permite asumir un papel activo y de participación en las decisiones de índole social, económica y política. Todos estos elementos constituyen un paso significativo en el camino hacia la ruptura del ciclo de pobreza, no solo entendida en términos económicos, sino también en cuanto al acceso a derechos sociales y políticos. La educación, aunque no es el único ingrediente de la emancipación femenina y empoderamiento, no deja de ser uno de sus pilares.

Pero avanzando un paso más allá, además de las políticas en el ámbito internacional y nacional dirigidas a promover el acceso a la escolarización, es necesario poner en marcha o mantener políticas y medidas destinadas a combatir las desigualdades y desventajas que las niñas, una vez escolarizadas, deben afrontar; algunos ejemplos son: el trato discriminatorio, el acoso, la elección académica y profesional condicionada o la presencia de estereotipos sexistas en los contenidos pedagógicos… Así mismo, es necesario continuar con las políticas de igualdad fuera del ámbito educativo, porque muy a menudo un mejor nivel de educación no se traduce necesariamente en mejores oportunidades de empleo. Aun cuando las mujeres obtengan buenos resultados académicos, siguen afrontando importantes déficit y discriminaciones en el mercado laboral.

Luz Martínez Ten
S. Políticas Sociales FETE-UGT
Publicado en Escuela 24-10-13